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ARTE Y ESPECTÁCULOS

Julio Chávez: Soy muy vulnerable a las críticas

Antes del estreno de la miniserie El Maestro, el miércoles, reflexiona sobre su propio rol de formador de actores, su inserción en la televisión y la mirada de los otros sobre su trabajo

12/09/2017

Podríamos suponer que a un formador de actores como Julio Chávez (61), hacer de un maestro de danza podría implicarle ponerse una máscara más o menos similar a la auténtica. Pero resulta que construir este personaje no le fue tan natural como se puede pensar a priori. “A veces, lo más cercano se hace más difícil de relatar. A veces, cuando una cuestión te es lejana te invita al disfraz”, enseña, con la claridad que lo caracteriza.

En su casa de Palermo, ahí nomás de Plaza Serrano, Chávez se abre a la charla sincera, lejos del cassette o la respuesta mecanizada. Entre pinturas y esculturas propias, y una videoteca ordenada por director, el actor y artista plástico cuenta que apenas le llegó la propuesta de Adrián Suar para protagonizar El Maestro, la nueva miniserie de Pol-Ka en co producción con El Trece, Cablevisión y TNT (ver recuadro), habló con su amigo Ricky Pashkus y este le recomendó que hablara con Raúl Candal, quien terminó entrenándolo para la ficción que se estrena este miércoles a las 22.45 por El Trece, (el jueves a las 22 por TNT).

En el unitario, Chávez encarna a Prat, un ex bailarín clásico retirado de los escenarios que enseña danza en una escuela privada en su casa. La ficción sirve para hablar del maestro, una figura que Chávez siempre reivindica desde su actividad incesante de formador de actores, y también desde el recuerdo y el consejo de sus viejos maestros: tanto los reales Agustín Alezzo y Augusto Fernandes, como otros más metafísicos como Fernando Pessoa o Jorge Luis Borges. A ellos acude cuando necesita una mirada crítica sobre algún trabajo suyo.

“Yo no pregunto a la gente qué le parece. ¿Por qué? Porque soy muy vulnerable. Yo escucho, imprimo, y me afecta, me preocupa. Entonces tomé la decisión elegir el interlocutor y preguntarle a ellos qué ven, qué les parece”, explica.

-¿Qué te atrajo de la historia?

-Lo que más me gusta de El Maestro es volver a poner en el tapete la manera de vincularnos a través del aprendizaje. La ocupación y preocupación de meterte en tu propia cocina para alcanzarle a un otro una herramienta que tal vez le sirva en su cocina. Para mí, ese es el trabajo del maestro. Creo que es un elemento olvidado o que no pertenece a la ficción. Y es una manera de recordarnos.

-¿Se te hizo más natural la construcción del personaje al ser maestro?

-Te diría que ni más natural ni menos. Me parece que la actuación no pasa por si conocés o no de lo que se habla. Pasa por si querés actuar, si tenés el gusto de relatarlo. Una persona sabe muy bien lo que es tomar un café con leche. Pero tal vez lo ponés frente a una cámara y se le vuelca el café, le tiemblan las manos y se resiste a hacerlo. Ahora, estar preocupado por un alumno, chequear dónde está el límite, lo comprendo. Pero no por comprenderlo se hace más fácil.

-¿Qué dirías que se te hace más fácil a esta altura de tu carrera?

-Lo que se me hace más fácil del actuar, primero, es que estoy grande, estoy menos defendido y más cercano al límite. O sea, no hay tanta opción. Estoy mucho más cercano a lo que es mi naturaleza, y por otro lado, mucho más limitado. No hay tanta ilusión de que baje un plato volador y te transforme en Marlon Brando. Eso no va a pasar. Entonces estoy usando más lo que hay en mi espacio... menos pretencioso, si querés.

Julio Chávez. (Foto: Germán García Adrasti)

-Cuando hablabas del límite del maestro, ¿hablás de la dificultad de encontrar el límite de exigirle mucho o poco a un alumno?

-Hablo de mi límite, del límite de la comunicación, de la inevitabilidad de los puntos de vista, de la subjetividad. De tratar de que alguien que se se forma se despida del resultado final, entre en el problema de la pregunta y no te utilice a vos para la respuesta certera. Yo no creo en el maestro que resuelve los problemas. Para mí, el vínculo maestro-alumno es más constitutivo que el vínculo padres-hijos. Lo reconozco desde que soy muy chiquito, y se fue transformando hasta llegar al entendimiento de que el maestro de cada uno es uno.

-¿Y cómo fueron los vínculos con tus maestros? Dijiste que agradecías haber tenido a Agustín Alezzo antes que a Augusto Fernandes.

-Sí, es verdad. Cuando era chico, mi madre me daba Oporto mezclado con huevo y azúcar antes del colegio para que pueda trepar las barrancas de Núñez en días de frío. Creo que eso me volvió alcohólico pero no importa (risas). Alezzo me resultó como ese preparado materno que me nutrió de confianza y afecto para poder escalar esa difícil montaña que puede llegar a ser un maestro como Fernandes. Si no hubiese tenido el afecto hacia mí mismo que Alezzo me dio...

-El ego.

-Sí. Eso que es muy importante pero que es maltratado porque depende de cómo lo alimentes. Si le das mierda, pues será mierda. Pero si le das buena comida, el ego te lo agradece.

-Decís que no solés ver tu trabajos hasta muy poco antes del estreno. Y a pesar de tu trayectoria, decís que siempre se te aparece la mirada del otro.

-Lo que pasa es que cuando digo ‘la mirada del otro’, es la mirada que yo creo que tiene el otro, de manera que es mi mirada.

-¿Y el otro es el público, son tus colegas, tus maestros?

-Es complejo. Yo soy muy vulnerable a las críticas. Hace 43 años que me dedico a esto. Y no me he fortalecido en ese sentido. Por otro lado, no se puede todo. Es así, trabajo con vulnerabilidad, a veces logro cerrar la puerta y a veces no. Hay grandes del teatro como Peter Brook, que sale con su libretita y le pregunta a la gente qué le pareció y anota. Yo antes de hacer eso me corto los dos huevos.

-Para un actor de oficio y de raíz teatral, ¿qué te pasa con la televisión? Porque es un medio muchas veces denostado, considerado de menor prestigio ante el cine y el teatro.

-A mí no me pasa nada de eso. El espacio donde yo elija trabajar, intentaré que no sea lo que se dice. Yo no trabajo en un espacio para comprobar lo que se dijo, cobrar mi cachet e irme formando parte de opinión masa.

-Pero está claro que muchos actores trabajan en televisión porque paga mejor. Y algunos lo blanquean.

-Bueno, ahí no me meto. Todo depende del principio de cada uno. Si tu principio es ganar guita, sé consecuente con tu principio. No pasa nada. No es mi principio. Yo no puedo habitar un espacio con ese cinismo. Porque en mí sería cinismo. Yo establecí un enamoramiento con este oficio. Donde lo haga, voy a intentar comunicar eso que me enamoró.

-Alguna vez contaste que te echaron de la televisión y decidiste alejarte.

-Sí. Me alejé muchos años porque no podía ejecutar como intérprete lo que yo entendía que tenía que ejecutar para el formato. Decidí alejarme y volver con las herramientas para resolver, y no entrar en pelea con el espacio. Yo entro más en pelea con los que están en pelea con ese espacio. Me sentí echado y con razón. Y volví feliz a reconquistar a la princesa.

-Imagino que como autor y director pensás mucho en el espectador. Pero en esta televisión en proceso de cambio y evolución, ¿Es más complicado imaginarse a un espectador?

-Yo no cambio mi espectador interno por lo que se entiende que es el espectador. De todas maneras, pienso mucho en el espectador. Y no quería poner en el imaginario del espectador esa idea de que el arte es elitista. Quería un maestro que no tenga esa idea obsoleta. Porque es mucho más importante el arte que una convención. Claro que pienso en el espectador. Pero lo pienso en función de qué me gusta relatar a mí. Cómo yo imagino que el otro imagina.

-¿Y eso te funciona?

-Bueno, ahí sabrás qué proyectos elegís para establecer un vínculo con tu espectador imaginario. Cuando hice Farsantes, decían por qué iba a hacer una tira. ¿Y cómo no? Voy a resolver el problema que hace 40 años no pude. Incluso se creía que ponía en juego mi prestigio. A mí me chupa un huevo el prestigio. Tenía ganas de jugar ese juego, no para demostrar que se podía hacer de otra manera, sino jugando en el espacio de la tira. Y ver si el espectador compraba. Bueno, compró. Me gusta ser provocativo.

 

El renacer de un profesor de danza

El Maestro es la nueva miniserie de doce episodios producida por El Trece, TNT, Cablevisión y Pol-ka, protagonizada por Julio Chávez y un elenco de figuras que completan Inés Estévez, Juan Leyrado y Carla Quevedo. El libro es de Romina Paula y Gonzalo Demaría y la dirección corre por cuenta de Daniel Barone. Prat (Chavez), es un bailarín de danza clásica retirado de los escenarios hace casi 30 años. Quien supo ser estrella del ballet internacional ahora da clases en una escuela de barrio, con la ayuda de su socio y amigo Mario (Leyrado). Prat se alejó del circuito oficial por propia decisión, pero ni la tarea de enseñar -el único resabio de sus épocas de gloria- ya le resulta motivadora. Vive una vida monótona, excepto por los sobresaltos relacionados con Paulina (Estévez) su ex mujer y madre de su único hijo. Pero su realidad dará un vuelco cuando tenga que hacerse cargo de su nieto, con quien no tiene vínculo; y cuando aparezca Luisa (Quevedo), una joven y talentosa bailarina que despertará en él aquel fuego sagrado.

 

Más teatro, más televisión, cine y clases

“¿Para qué voy a parar si falta poco para parar definitivamente? Nunca se sabe”, ironiza Julio Chávez, como para justificar su ajetreada agenda laboral. El actor, profesor dramaturgo y artista plástico sigue protagonizando Un rato con él en el Teatro El Nacional Sancor Seguros, junto a Adrián Suar, obra con la espera girar hasta mediados de 2018. Pero a eso le suma varios proyectos. “Voy a escribir un proyecto teatral como director y como autor sobre tres materiales cortos que tengo y los voy a unir para hacer una obra de teatro. El tema es la dignidad en la vejez, la dignidad en el amor y en el sexo”, cuenta. Además, planea preparar una exposición de pintura para exponerla a partir de julio del año que viene en el Museo Emilio Caraffa de Córdoba. “Después de eso voy a filmar una película con un cineasta que está haciendo su ópera prima en Jujuy. Y ya estamos hablando para una próxima miniserie con Pol-Ka para finales de 2018/2019”, enumera. A pesar de tanto proyecto, Chávez asegura que nunca deja de dar clases de actuación. Incluso rechazó un papel en la serie Narcos, de Netflix, porque le pidieron que modificara las fechas del año lectivo. “No he abandonado nunca esa actividad, y lo antepongo a cualquier proyecto. Aquello que te cobijó requiere que le des tu vida. Esas son las pequeñas cosas que tienen que ver con tus principios”, sostiene.

 

GRACIAS DIARIO CLARIN